domingo, 29 de noviembre de 2009

i. Susurro.

Escuchó mandolinas en su interior. En el profundo y oscuro cuarto sin paredes donde pensó que había despertado. Los sonidos que sus pulmones hacían al respirar llegaban hasta desaparecer en el fondo oscuro. Sus ojos se iban a negro cuando, de repente, se levantó de donde estaba sentada, y se dio cuenta que no era más que aire vacío a un nivel normal de adonde pudo haber estado una silla.

-         Luz!


Entonces el sonido de su voz desapareció en el vacío, y de repente, se rebotó como un eco, manifestándose: 

-         Sólo daña tus ojos. Tus ojos son el reflejo de tu alma con un respiro desde esta tierra en la que vives. ¿Puedes disfrutar del silencio y la oscuridad, y callarte?

Miró sus nuevos zapatos color café, mientras pensaba que estaban desapareciendo. Lo estaban. O al menos eso veía ella.  ¿Me estoy desvaneciendo? Sus labios se secaban mientras veía sus pies desvanecerse, y la garganta parecía tener arena en su interior, haciéndola sentir ahogada, sintiéndose como una fachada vacía dentro de un universo negro.

¿Por qué me sucede esto a mí?
¿Acaso estoy en el purgatorio?
¿O llegué al infierno mientras dormía?

Las voces en la habitación mataron el silencio en el apagón cuando escucharon ese sonido dentro de la mente de Djana.
Es algo que no tienes la capacidad de transmitirlo con palabras, sólo con algunos sonidos que no te dicen nada, pero pueden hacerte temblar horrorosamente. Esto se debe a que no quiero volver nunca más a esa habitación, tanto en sueños, y como si hubiese sido realidad, si esta es una pesadilla de la que no se puede correr, a la que no puedo volver, porque estoy aquí, y estoy atada entre cadenas. Necesito algo de luz. Necesito la luz del sol. Necesito lo que sea que me saque esto de encima.

-        Ahora eres demasiado joven para que te quedes en una habitación tan oscura. Además, ya estamos envejeciendo soñando con el lenguaje de los vivos, así como eres demasiado inmadura como para entender una Necrolengua. Lo dijimos en serio. Disfruta del silencio. ¿O acaso no le tienes miedo a los sonidos de los muertos?



Su mente intentó responder a esa fuerte voz, que venía desde la nada. Su garganta no estaba respirando al momento en que ella se percató de su inminente asfixia, donde sus pulmones se comprimían como la rígida extremidad de un cadaver. Entonces, no eran sus pies los que desaparecían, sino que su cuerpo entero se sentía desvanecer dentro de semejante oscuridad.  Sus ojos caían dentro de uno de los primeros que ella estaría experimentando en su completa existencia.

Mis piernas se sentían pesadas. Creo que me desmayé. Creí estar durmiendo, como siempre lo hacía los 24 de Diciembre después de medianoche, de los presentes, los abrazos, la familia, algunas fotos, y entonces a dormir como siempre, esperando cíclicamente por la víspera del Año Nuevo, saliendo con amigos, vacaciones, el momento de silencio en mi casa a las 6 de la mañana del día de Navidad, creo que ya son siete años desde aquel hecho que hizo que las navidades no fueran tan plenas como alguna vez lo fueron… Y ésta es la parte en la que Djana siempre pausa su mente y sus labios simultáneamente, recordando el accidente de aquel momento. Un ataque al corazón y multiples enfermedades se encargaron de tomar a su padre de su lado y arrebatar su mano de la mano de Djana. Cuando su madre tuvo que contarle el horrible acontecimiento, la pequeña niña se quebrantó entre lágrimas que no pueden volver a ser realidad en este momento, porque ahora está todo bien, y la necesidad de un padre se fue apagando de a poco. Siempre pensando sobre cómo logró superar al demonio del pasado que la hizo madurar en tiempos tan difíciles. Ella intenta no referirse al día de la partida de su padre directamente. Lo hace refiriéndose al día ‘en que perdió una pantufla’. Su mente puede bloquear muchas cosas. La mía también podría, así como la tuya.
Cuando pensé en los malos recuerdos de Navidad, creo que tuve que repetir en mi mente la frase mágica: ‘El show debe continuar’. Lo primero que miré cuando desperté (En realidad no sé si desperté, o si cambié de ubicación en un abrir y cerrar de ojos) fue la cara preocuparda de mi mamá. Ella no duraría un minuto en esta tierra sin alguno de nosotros, porque ella fue la que más derramó dolor y lágrimas el día… en que perdí una de mis sandalias. La entendí en ese momento, o al menos lo intenté, pero no era como si me estuviese muriendo, ¿o sí? Recuerdo sus gritos, los típicos de una madre consternada.
-         Te sientes bien ahora?
Sus gritos me estaban dando un dolor de cabeza enorme. No hablo de su llanto, en todo caso. Sino, sería otro el tema de mis quejas.
-         Estoy bien, mamá, simplemente creo haberme caído…
Para variar un poco, tuve que mentirle a mi mamá. Sentí que mis ojos dolían como nunca lo habían hecho. ‘Es por la luz’, una voz retumbó en mi cabeza. Hubiese podido reconocer mi propia voz en mi mente. No soy estúpida. Esta vez no lo hice. Supongo que debo ignorarla. Los Dolores de cabeza, en ocasiones, te hacen oír cosas que no tienen mayor sentido. No puedes reconocer cosas, o entenderlas. Me levanté de los fornidos brazos de mi primo, pisando el suelo. “Mamá, no me siento bien, me iré a mi alcoba. Has tenido suficiente hoy… Me voy arriba… Estaré bien… Te amo también…”

Lo primero que Djana alcanzó a ver cuando llegó al segundo piso, dentro de cuatro paredes, la puerta cerrada, el espejo frente a su rostro. Era el mismo espejo en el que ella siempre se miraba, el mismo espejo en que más de algún chico se vistió enfrente después de pasar una noche en el dormitorio de Djana, desde el cual en algunos ángulos podías ver la cama de Djana completa. El mismo espejo que ella recuerda como lo ultimo que alcanzó a ver antes de que despertara en los brazos de su primo mayor.

Djana se miró en el espejo. Era una típica niña de 15 años. Quizás no tan típica. Sus mejillas rojas siempre trayéndole problemas en el Instituto, porque quizás estaban celosas de ser tan pálidas, aunque ella está mejor ignorando a todo el mundo, porque de alguna manera, ella es considerada popular entre los chicos de su edad. Quizás son sus ojos color azabache, que no son tan populares en la isla. Su pelo, que su madre describía como ‘Claire’ con un acento francés que perturbaba a una pequeña e inocente Djana en el pasado, le daba un toque de inocencia mientras ésta se miraba en el espejo, que da la impresión de que podría fácilmente matar a alguien si ella no estuviera mirándose en el espejo en este momento. Me miré, entonces dije, Hey, Hola, ¿Cuál es el problema en detenerme a mirarme en el espejo? Soy la Djana de siempre. La que siempre seré. 

Así que, como punto final, ella volvió a sus asuntos diarios. Me levanté esta mañana con el amanecer golpeando mis ojos, recordando algo doloroso dentro de mi cabeza. Me metí en un montón de líos cuando me levanté. El sonido de la fábrica del otro lado de la línea ferroviaria siempre me saca de la cama.
Tomando sus pantuflas (Sí, Djana se pudo haber comprado otras dentro de 7 años…) y caminando unos pasos, se pudo dar cuenta de lo vacío que se sentía el aire, sin hacer ruido alguno. No había nadie en casa.
Así que, no queda más que hablar sobre el primer día en el que volvió a sus ocupaciones diarias. Me levanté esta mañana con el amanecer golpeándome los ojos, recordándome algo del dolor de cabeza. Me metí en muchos problemas cuando me levanté… El sonido de la fábrica al otro lado de la ciudad siempre hace que saque los pies de mi cama.
Tomando sus pantuflas (Sí, fíjate que Djana puede comprarse otras en un lapso de 7 años…) y caminando un par de pasos, notó el vacío que había en el aire, sin hacer ruido. No había nadie en casa. Realmente se sentía como un silencio supremo. De repente, Djana recordó lo que le fue dicho alguna vez en el pasado.
-         ¿Silencio? Olvídalo. ¿Acaso nunca has escuchado el ruido de algo que no vive como has visto la vida? Nos puedes escuchar. Es un hecho.

Es el mismo soliloquio que cualquiera puede repetir en su cabeza cuando una madre preocupada te da un dolor de cabeza. El aire, con una fresca brisa como cualquier domingo en la mañana en la Primaveral Isla. El silencio, hecho  trizas por el frecuente sonido de los pájaros que gritan mientras flotan en el aire, sintiéndose criaturas llenas de calor dentro del movimiento aéreo.

Su dolor de cabeza le estaba constantemente trayendo recuerdos sobre la última noche. Siempre recuerda lo afortunada que fue por haber despertado en los brazos cálidos de su primo. Creo que Cath es una niña muy afortunada. Tiene a mi primo. Y él es lejos de los mejores que aun son corpóreos. Es un chico hermoso con un alma hermosa que me hace sentir como un insecto en una tormenta de arena. Siempre que lo miro fijamente en sus ojos color avellana es como que me destrozara en diferentes contextos. Aquella voz mencionándolo una vez más, ‘Quiero a alguien como él’, aquella voz que me gustaría ahogar con ayuda de mis audífonos. No tengo idea por qué me siento tan confundida sobre él. Si tengo que pasar por aquella pesadilla oscura para poder despertar en sus fuertes y cálidos brazos de ángel…
Cada vez que Djana forzaba su mente para recorder su sueño, era como si otra jaqueca le rompiera los sesos como un relámpago, con tal de que no lo hiciera. Algunos susurros en su confundida y retorcida mente le dijeron que le diera tiempo, antes de que asimiles las cosas como son. Ella pensó que esa jaqueca era un muro que no la dejaba pensar lo suficiente como para notar en dónde estaba.

El silencio me aburre.
Cada vez que el silencio me envuelve, hace que quiera que me escape.
Me gusta el ruido, porque no siento el vacío que el silencio me hace sentir alrededor de mí.
El silencio es justo como la oscuridad… Sólo que en otra dimensión…

Después de pensar esto, Djana fue a tomar un baño para relajar su cabeza. Después de media hora, fue a su cuarto una vez más. El aire que entraba por la ventanilla la hizo pensar sobre aquel clima tan frío en el que vivía, y que de repente se había puesto tan crudo con ella y con nadie más. Cerrando la ventana, logró lo que no quería: Silencio en su habitación. Después de arreglar su cama, tomar algunas prendas y ponérselas frente al espejo, mientras pensaba en su primo y en la razón de por qué ella no era Cath. Quizás no debería estar pensando en esto. Se supone que yo solo soy su prima… Entonces, cuando una imagen se queda en tu cerebro, es imposible que te des cuenta cuando ha cambiado la imagen que da con tus ojos. El cuarto de un segundo de apagón en su mente la hizo dares cuenta de la sombra que se encontraba frente a ella. Ella no estaba en su cuarto. Se sintió torturada, o al menos amenazada. Tenía que responder algunas preguntas antes de que se pudiera ganar la libertad que poseía hace un cuarto de Segundo atrás, mientras pensaba en la perfección que rodeaba a su primo.
-         Puedo hacerla desaparecer si quieres. Puedo hacer que esa que lo tome por el brazo seas tú.
Djana tenía miedo como cualquiera lo tendría frente a un ser al que no puedes verle la cara. Y simplemente no podia porque algo la sujetaba. Parálisis.
-         ¿A quién? – Djana se resistía a dejar ganar a la presencia oscura.
-         Catherinn, aquella niña que te tiene sumida en este agujero que ves a tu alrededor. ¿Ves a alguien? ¿Acaso puedes verme a mí? Esto es la oscuridad. Y no puedes ver nada. Estás ciega. Tu corazón está ciego. No sabes lo que sientes. Y eso te hace una niña ciega en una habitación que, algún día, notarás que no es tan oscura como ahora logras percibirla.
-         ¡No te atrevas a tocar a nadie!
-         ¿Por qué te resistes? Lo deseas. Reconócelo. Serás un poquito menos ciega de lo que fuiste ayer.
-         Él está feliz con ella. ¡Déjalo como está, nada más!
-         Te dare un regalo, mientras notes que esto es real. Esta habitación está tan iluminada como tu mente. Y, por si no te das cuenta, aquí es donde yo podría estar ahora.
-         Solo… solo quiero…
Tono ocupado de una llamada telefónica. De repente, la ceguera de la que aquel ser hablaba iba desapareciendo por primera vez, cuando ella tuvo a su primo Mille a unas cuántas pulgadas de despertar a la princesa que salía de un trance cuando aun no se vestía. Djana no se atrevería a describir este momento. Tiene demasiado en qué pensar. ¿Qué fue lo primero que se le vino a la mente? No. No puede ser verdad. Sus labios son la perfección que he buscado. Y en fracciones de Segundo, Mille despertó de un sueño que lo mantenía paralizado en el lecho de Djana mientras sus ojos no se cansaban de pedir auxilio mientras miraban indiferentemente un espacio en el vacío.
-         ¡No se suponía que eras tú!-Gritó el joven mientras un espanto le inundó el espíritu, por lo que estuvieron a punto de cometer.
Alguien que esté aprendiendo algo de esta historia, no espera respuesta de Djana, que pensó que había alcanzado su meta en la vida por haber alcanzado a un hombre dentro de una perfección tan subjetiva como la que Djana le daba a Mille. Recordando la fracción de momento en la que estuvo feliz, que podría ser una eternidad (calidad antes de cantidad), Djana intenta descansar después de la historia que Mille se encuentra escribiendo en este preciso momento en su escritorio. Ella si le ayudaría a pensar el tocar la letra manuscrita de su primo, aquellas palabras sobre amor entre ángeles. Concluí en que no me ayudará, aunque en realidad era obvio.

¿Qué podría hacer sobre eso? No tenía palabras. No respondí por eso. Es como el sueño de cualquier chica de mi edad. No tiene caso. Pero si de verdad se siente culpable, no debió haber hecho algo en ese momento. Sé que no se siente de la misma manera que yo. De la misma manera, sé que no tiene caso. Lo que estaba escrito en su escritorio me recordó del trabajo de psicología que no hice y por el que tender que dar la cara con el profesor. Profesor de Psicología. Ese es el otro ‘aquel’ por el que moriría. Sé que es sólo algo físico, porque no tengo sentimientos hacia nadie. Creo que ya están reservados hacia alguien, o algo así escuché. Mi edad me hace pensar sobre mucha gente en muchas situaciones. ¿A quién podría importarle? Mi mente no es asunto de nadie. Es algo que tengo que asumir.

Estoy saliendo de mi casa. Mi cabeza aun duele y mis pies también. Es una mañana muy oscura. Me pregunto por qué el invierno es tan oscuro y estrellado en esta isla. Tengo náuseas. Las siento en mi garganta. No mencioné el dolor en mis ojos. Es como que tuviera algo pegado a ellos (En realidad a quién le importa, nadie está escuchando mis pensamientos). Además, cualquiera en la calle pareciera que habla más de lo que lo hace en realidad. Son como voces sin las bocas a las que pertenecen. Pareciera que intentan ahogarte. Creo que estoy hablando mucho… Ok, no estoy hablando, estoy pensando… Así que supongo que está bien.
Cielo nublado justo sobre mi colegio. Amo estos atardeceres que duran décadas. Amo esta isla. Aun falta para llegar en todo caso. Ahi está, dos casas más allá… Eso. Aquella señora. Ella jugar que su hija está bien. Si supiera de todas las cosas que su hija tiene en la cabeza. Si tan solo conociera a la Lara que todos conocemos, menos ella… Supongo que para eso tendría que callarse un poco, cosa que sería un poco sacrificada para una persona como ella. Espero que en algún momento tenga un llamado de vocación como madre. En realidad creo que nunca lo tendrá. Ella es tan predecible como la presencia de la luna en una noche de verano.
-         Buen día, señora Katla!
Soy bastante Buena actriz cuando se trata de parecer feliz.
-         ¡Hola chica! ¿Cómo te va?
-         ¿Por qué lo dice?
-         Te ves bastante pálida hoy…
-         No es un problema… Soy pálida y lo sabe…

¿De verdad estaba más pálida que de costumbre? Él tiene la culpa. Esta falta de color me hace sentir dispersa.
-         Djana, te conozco desde que eras un bebé, no me puedes venir con eso. Venga, algo ocurrió.
-         En realidad tuve un par de problemas y no logré tomar desayuno.
Su cara de repente se vio un poco menos preocupada. Yo pienso que debería meterse en sus asuntos.
-         ¿Segura que es todo lo que tienes que decirme?
Es como si supiera todo lo que ha sucedido simplemente con mirarme la piel. No me miró los ojos. No puedo mentir mirándole los ojos a nadie. Menos a ella.
-         Por supuesto. Comeré algo al llegar al colegio. ¿Está Lara?
No sé si en realidad ella pensó que responder era inútil, pero de alguna manera Lara estaba a mi lado mientras mis labios preguntaban por ella.
-         ¿En qué momento bajaste? No te sentí…-Mi voz sonó tan cínica que puedo apostar que Lara opina lo mismo que yo.
Su voz no se movió en mi dirección. Movió su pelo hacia atrás mientras inclinaba su cabeza y exclamaba:
-         Adiós mamá. No se ve para nada bien, la haré comer algo en el colegio.
Sus pasos me dejaban atrás. Iba apurada. La conozco tan bien… Ella quería hablar de algo seriamente.
-         Puedes dejar a mi madre como una auténtica idiota, pero a mí no. ¿Me vas a decir lo que te pasó que te dejó así como estás?
-         Ya te dije. No tomé desayuno. Sabes que soy pálida y además me hará--No me dejó continuar cuando comenzó:
-         Te conozco como la palma de mi mano. No puedes venir y decirme eso. Sé perfectamente que algo te está sucediendo en tu interior.
-         …¿interior?-Eso me asustó.
Ya echaba de menos sus metáforas repentinas.
-         En tu corazón, en tu alma, hay algo que te está oscureciendo, y el tono se toma de alguna parte. Te conozco. Sé que tu piel se vuelve más pálida aun cuando te sientes mal. No me digas que no.
Nuestras miradas se metieron en una session de relámpagos, como si ella quisiera penetrar los ruidosos muros de mi mente. Mi boca se secaba. Había que decir solo una cosa: Me daba nervios qué decir. No es fácil mentirle a tu mejor amiga.
-         ¿Sabes? No es fácil para mí –Ya empezaba a sonar cliché, quise desaparecer en el momento que me oí hablando con piloto automático-pero al menos no puedo decir que ha sido un día fácil. Al menos quise fingir que nada pasaba, pero no soy buena en eso. Así que por favor. Caminamos, preguntas, respondo. ¿Sí? –Su cara de repente se veía mentalizada para bombardearme con miles de preguntas.
-         Entonces, quizás no-Estaba muy callada, como si su ausencia fuera la de la presencia. Y de repente, un resumen con muchas frases contra mi comportamiento se alinearon con su habla después de aquellas tres palabras-No voy a decir nada que te haga sentir presionada. Miénteme.
Lara sabía como desafiar a Djana a superarse.
-         Mi primo se alejó a un año luz de mí. Casi nada sucedió.

-         ¿Qué me intentas decir?
-         Dijiste que mintiera, Jesús, esto es más fácil, ¿Podrías ya ponerte a deducir?
-         ¿Estuvo cerca tuyo y pasó ‘más que algo’?-Su voz hacía demasiado ruido como para aquel hecho a toda voz en la calle.
-         No fue nada…
-         Si aun mientes, esto fue ‘la vida’ para tí.
-         Dios, en serio, no fue nada. Nada más que la razón por la cual no escribí nada para psicología ni alemán.
La clase de alemán estaba antes de la de psicología. Era uno de los peores momentos del día. Sólo podía pensar en una cosa: Cómo decir “Te amo” en alemán. No sé como algo tan irrelevante se volvió la única palabra que puedo decir en aquel idioma y que encuentro complicada de pronunciar. O quizás le pasa a todos en la clase, no sé. Estoy demasiado ocupada pensando en ‘liebe’. Es todo.
Dos chicas en la calle. Una más distraída que la otra. ¿Acaso se miraba en el espejo? Y todo el mundo pensaba que su autoestima necesitaba potenciarse. Quizás se equivocaban.
¿Por qué todos miran sus ojos cuando se ven en el espejo, excepto yo? ¿Por qué veo algo más? Lo primero que se me viene a la mente es que tengo… que cambiar mis lentes. O quizás limpiarlos. Prometo hacerlo cuando llegue a casa.
¿Qué es lo primero que dos chicas hacen al llegar al colegio? Quizás ser observadas para que ambas satisfagan su mente. ¿Alguno de ellos atravesará su mente? Quizás no logran ver más que los típicos babosos de siempre, y los que intentan tragarse sus ecuaciones cuando las chicas andan cerca, todo para parecer gente ‘a la onda’. Y mientras más pienses que son así, más arriba se sentirán.
-         Disculpa, estás en mi camino. –Lara parecía brillar mientras alguien intentaba opacarla. Admirable.
La chica que osó pronunciar las palabras con un notorio énfasis en ‘mi’, hizo que Lara pensara que no estaba escogiendo bien sus palabras a la hora de dirigirse a ella.
-         ¿Acaso harás que me aparte? Ni siquiera has empezado, pequeñita… Tienes mucho que aprender.–Siempre sabe qué responder frente al concepto de inferioridad con el que relaciona a las demás personas.
-         ¿Empezar? ¿Una pelea dices?-Debe ser una persona muy grosera para andar así por la vida.
-         Lara, nada más déjala…–Una Djana insegura estaba pidiéndole a su major amiga que se ahorraran una escena. Fue muy gentil de su parte. Quizás solo quería dejar los conflictos para otro momento. Desaparecer del camino de todo el mundo. Concentrarse en sus propios problemas.

-         Quizás ella no lo quería así, Lara… No tenías por qué ser así. Eres una persona diferente, Linda… -¿Tenía idea de lo que estaba diciendo?
¿Qué hay en tu mente, pequeña? ¿Contarás tu testimonio sobre la mezcla entre uno de tus desmayos y los besuqueos que daban para más con tu primo?
-         Actúas raro. Ya me tienes asustada. –Djana intentó no prestarle atención al comentario de su amiga.
-         Necesito pensar en un par de cosas antes de que alguien meta la pata aun más al fondo.
-         ¿Qué?
-         ¡Mi cabeza!
-         ¿Hay alguien ahi dentro?
-         ¿Qué? –A veces no logro entender a mi mejor amiga desde hace más de una década…
-         En tu mente… ¿Hay alguien?
-         Ah, no es nada. –Y a veces es más difícil mentirle.
-         Bueno, no te estoy presionando nada más que por el tiempo, ya que la clase de alemán está a punto de empezar, y estamos a unas cuántas.. leguas del salón.
-         ¿Por qué tiene que estar tan lejos de la entrada?-Sí, cualquiera lograría preguntarse cosas con tan poco sentido en ese momento.
Y hay más. Hay veces en que la gente ve cosas que en realidad no están ahí. Quizás son producto de la imaginación. Pero hubiese sido algo normal y sano si la persona no estuviera con una jaqueca infernal y más encima un montón de problemas en su mente. Quizás no fue nada más que eso el hecho de haber visto a aquel lobo de ensueño salir por entremedio de unos basureros, igual que un gato callejero, de la misma manera que cuerpos flotantes puedan aparecer mientras miras un cielo azul.
El punto es que la mayoría de las personas no las nota. Es como si siguieran durmiendo y no quisieran despertar.
-         Ok… vamos a Alemán, en cualquier momento aparecería un dinosaurio entre medio de las nubes… -Se veía un poco triste, y al mismo tiempo, sorprendida y algo asustada- ¿No crees que estamos un poco atrasadas?
-         No te preocupes. Deja atarme los zapatos.
-         Está bien…-En este preciso momento sus ojos se empiezan a sentir más pesados, y un instinto oculto entre el aire helado lo mantiene sigiloso. De la nada, el lobo desaparece y alerta a Djana.
-         ¡Simplemente detente! Y prométeme que nunca más saldrás de tu casa sin desayuno.
Buscando lobos en las nubes, en basureros, árboles, edificios y paisajes, Djana siguió caminando al lado de su amiga que no la soltaba del brazo. De repente, ven a un tipo alto, tanto moreno como musculo hasta la mitad, al cuál se dedican a seguir.
-         ¡Profesor! ¡Por favor déjenos entrar! –Qué importa quién fue la que lo dijo. Ambas tienen sentido.
-         ¡Por supuesto! –Un eco acompañado de una cara sonriente resumen la respuesta del Profesor Guðmundsson, aquel que siempre pensó que era merecedor de un halo.
Siempre me ha hecho sentir como debo sentirme siempre. Tiene aquel poder de cobijarme dentro de su atmósfera de pureza que podría cegar naciones enteras dentro del amor que inspira su presencia...
-         Sentimos la tardanza. Prometemos que no volverá a suceder. –Una ronca y agitada voz sin identificar se oye.

Todos los mencionados anteriormente están en el salon de clases. El frío de apodera de la atmósfera; solo podría estar relacionado a lo lejos que Islandia puede quedar de la línea del Ecuador.
        
-         Hoy hablaremos de la cultura popular germánica. Ustedes no están tan acostumbrados dado a una falta de proximidad con el país pero bueno…
Las pupilas de Djana se dilataban constantemente mientras sus deseos carnales que involucraban a aquel servidor de la luz se veían más lejanos a los horizones de la isla. Aquellos desaparecieron en el momento en que una luz Blanca que rodeaba a Bruno, rápidamente (o irónicamente llamada “a la velocidad de la luz”) se vio interrumpida por una sombría identidad que hizo que Djana saliera de sus sueños y notara la embestida enérgica que aquella cosa le había dado a su profesor. Se veía como un pequeño Jabalí formado de una especie de neblina que contaba con una densidad bastante potente como para mantenerse pareciendo un sólido. Un destello rojo dejó caerse dentro del choque entre esa cosa y lo que envuelve constantemente a Guðmundsson.

Demasiados destellos; Imágenes que bloqueaban la luz. No podia traducirse a algo más que a un simple malestar físico que dejó salir un pequeño gemido de la boca del professor. Después de un simple reflejo, Bruno y todos los demás le dejaron saber a Djana que la clase ya había concluído.

-         Para concluir, me gustaría compartir algo con ustedes. Lo encontré en internet. –Djana se empezó a concentrar en lo que tenía en mente por el comienzo: Ponerle atención a lo que el profesor decía.- Es un pensamiento filosófico encontrado en un niño Islandés, residente en Inglaterra.

Palabra por palabra, Bruno fue escribiendo en el pizarrón. Desde arriba, sólo una de esas palabras bastaba para entregar sentido a lo demás.

“Amor” en alemán (Liebe) es similar a “Vivir” en inglés. –Óðric M. Philipsson.

-         Es realmente simple. Comparamos el alemán “liebe” con el inglés “live”. Son palabras bastante similares.
-         Profesor –La voz de Lara interrumpió la obsesión de Djana sobre la voz de su profesor- ¿No dijo usted que era nada más un chico? ¿Qué edad tiene? ¿Y qué tan conocido es?

-         Falleció –aunque Bruno dijo esto de corrido, se notó un cambio de escena y de atmósfera dado a la expresión de quienes no lo hubiesen imaginado- a la edad de 14 años, después de estar 9 meses en coma dado a un accidente ferroviario.

Djana intentó dejar de prensar. Fue inevitable.

-         Creo que la otra vez supe algo de eso, no estoy segura-recalcó, intentando llamar la atención de su querido profesor.
-         ¿Te has puesto a pensar en cuánta gente muere de lo mismo todos los días?

Una risa desagradablemente colectiva invadió los rincones del salón, y la muchacha de ojos grises no fue capaz de sentirse de otra manera como solía serlo siempre: Torpe.

La atmósfera que cubrió a Djana por semejante estupidez la acompañó incluso después de haber terminado la clase.

- No dejes que te traten así-Lara regañaba a su compañera por la debilidad mostrada hace un rato-¿Notas la superioridad que sienten cuando tú les das la oportunidad?
- ¿Por qué te ves afectada? –Una voz ronca, casi irreconocible, salió de los labios de Djana-Deja que se ahoguen en su propio vómito.-Esta frase se oyó retumbar en el campus, en el cuerpo de la muchacha y en los objetos más cercanos. Djana empezó a tambalear como si la tierra bajo sus pies se moviera.
- Sigues sin verte bien-dijo una mano amiga acercándose.-Permíteme que nos quedemos unos minutos sentadas por acá. No te hará bien ir a psicología tan deprisa.
- Creo que siento mi mente tan nublada y ciega que no puedo ir a ninguna parte sin aclarar las tantas dudas que hacen que me sienta incapaz de moverme.

Lara atribuyó el tono nervisoo y angustiado de Djana a una repentina fatiga… aunque fueran las dos de la tarde. Su tono de piel no había cambiado, aunque un repentino y tenue sudor le empapó la frente hasta que su compañera hizo algo para remediarlo.

-         ¿Me acompañas al sendero de los cerezos? Sería bueno reposar ahí. Despejar mi mente. Ese lugar me trae la paz que necesito.
-         No hay problema… -Ahora el nerviosismo se apoderaba de Lara, quien no entendía el repentino antojo de su amiga por semejante lugar, que si bien tenía momentos bastante acogedores, habían ciertos días que pareciera que entes no muy amigables hicieran posesión del sitio y lo hicieran algo tétrico.

El intolerable mareo no quitaba la sensación de Djana de sentirse desorbitada, como si hubiera que hacer cierta fuerza para aferrarse al curso de la gravedad.

De repente, el cielo se logró ver de color Indigo, fusionando el color de este en aquella estación del año, junto a los cerezos que por cierto motivo no dejaban ese lugar. Y las flores nunca se iban de ese lugar, aunque fuera invierno. Aquel tono se veía de manera más notoria mientras montones de estrellas formaban figuras con su brillo intermitente. Los cerezos no se veían tan lejanos desde aquella perspectiva.
Al observarlo, Djana sintió una presión en su pecho. Su alma se maravillaba por haber encontrado una atmósfera tan hermosa. Ese sentimiento se veía lejano. Era como si tuvieran que pasar miles de cosas antes de que ese sentimiento volviera a su corazón. Hay que rearchivar demasiadas cosas dentro de mi mente.

Caminaban. Alguien sentía un malestar. Algo que punzaba en la rodilla izquierda. Al momento de haber salido de donde estaban, sintió una presión enorme que la obligó a arrodillarse. Lara intentó ayudar a caminar a su amiga.

-         Si te sientes tan débil, debería tomarte en brazos y llevarte a la enfermería.
-         Recuerda la métrica del equilibrio. Me haré fuerte si en un momento estuve débil. –Djana  lentamente se ponía de pie con palabras sabias articulándose en sus labios, las mismas de las cuales después no reconocía su autoría.

Un pequeño niño de rasgos pronunciados, piel blanca y ojos pardo apareció intentando decir algo con su presencia.
Lara presenciaba todo desconcertadamente. Sabía que algo más podía pasar. Algo que podría romper sus esquemas de la realidad.

~
Las personas con un corazón puro sonríen involuntariamente si ven una hoja de cerezo blanca caer frente a sus ojos. La gente que está enamorada es propensa a acordarse de lo especial que son sus lazos con otras personas cuando presencian esto. Las personas con el corazón roto no sienten nada la mayoría de las veces. Cuando el corazón se rompe, una de sus funciones más importantes comienza a fallar.  Si no se repone, la dulzura que puede haber en alguien es consumida por la amargura que otro le entregó.
~

La larga sesión de fusión entre lo que envuelve a Djana y lo que está entremedio de las hojas de cualquier cerezo Islandés la hizo seguir con la vista en algo especial. Parecía algo único. Era un poco más pequeño de lo que ella alguna vez vio por televisión, de color Indigo, justo como el cielo que le acariciaba la cabeza. Flotando entre medio de muchas hojas que bailaban al compás de una hojarasca invernal, Djana parecía maravillarse frente a aquel Cristal. Cuando tocó tierra, se cubrió por miles de pétalos de cerezo. Parecía que había que tener ojos con algún otro sentido de agudeza para poder encontrarlo.

Djana, algo impaciente, intentó saber qué era. Comenzó a separarlo de las hojas que lo opacaban de sus sentidos.

Cuando mueres, te liberas de la prisión que puede ser tu cuerpo. Entonces te das cuenta de la real envergadura del amor verdadero sobre el que siempre solías cantar en vida. –Una voz ronca, e infantil al mismo tiempo, sólo podía llegar a los oídos de Djana, mientras ésta se daba la vuelta para ver de quién se trataba.